Íñigo Sáenz de Ugarte suele sorprenderme con sus entradas, pero la de ayer fue sonada. Su interesantísimo artículo sobre Margaret Thatcher incluye una perla de las que hacen época: Nada más y nada menos que a la Dama de Hierro imitando al genial John Cleese. Agárrense que vienen curvas:


Éste es el sketch original, por si para ustedes un Noruego Azul es un señor del norte con hipotermia:

Es evidente que la primera (y única) mujer en dirigir Reino Unido no se ha hecho famosa por su sentido del humor. De hecho, si hacemos caso a John Whittingdale, su secretario político durante dos años, es más bien todo lo contrario: cuando le entregaron el discurso, que hacía referencia al pájaro recién adoptado como logotipo por el partido demócrata, simplemente no lo comprendió. Así que le pusieron el sketch. Continúa el secretario:

De alguna manera la naturaleza surrealista de la situación hizo que pareciera todavía más gracioso, y nos caían las lágrimas. Ella estaba impasible. Pero la persuadimos de que el público quedaría encantado, y muy reticentemente consintió. Entonces, justo antes de salir al púlpito, se volvió hacia mí y preguntó: “Este Monty Phyton… ¿seguro que es de los nuestros?”

Ahora que saben eso, vuelvan a mirarse el vídeo. Fíjense en la cara de la Primera Ministra: está asombrada del efecto de sus palabras, no tiene ni idea de por qué el público se ríe.

Bien, parece que queda demostrado, ¿verdad?

Pues nada de eso. En al menos una ocasión la Primera Ministra demostró que al menos entendía el concepto del humor: era fan absoluta de la magnífica sitcom de la BBC Sí, Ministro, que en aquel momento arrasaba.  De ella decía “Su claro retrato de lo que ocurre en los pasillos del poder me ha dado horas de puro deleite”.  Si no la conocen se la recomiendo: es una de las mejores series sobre política que he visto, y sigue del todo vigente pese a su edad. En cualquier caso, tanto le gustaba la serie a la señora Thatcher que insistió en protagonizar un gag con los actores protagonistas. No sólo eso, sino que podría haberlo escrito ella misma (lo que parece probable si hacemos caso a Jonathan Lynn, uno de los creadores de la serie: “era un sketch horrible que sólo tenía gracia porque Thatcher lo estaba haciendo”). Pese a que los autores intentaron negarse, finalmente no les quedó más remedio que aceptar: no he podido encontrar ninguna grabación, pero aquí tenéis parte del guión.

Desgraciadamente ese acceso de humor fue transitorio. El punto y final lo puso el mismo Jonathan Lynn, que después del gag agradeció a Thatcher «por ocupar su verdadero lugar en la comedia de situación». Todo el mundo en la sala se rió. Excepto, por supuesto, la Dama de Hierro.