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27

El cerebro de Einstein

No deja de asombrarme que todos conozcamos un montón de hechos falsos y leyendas urbanas relacionadas con la muerte de los famosos: la criogenia de Walt Disney, el “perdonen que no me levante” de la tumba de Groucho… Y en cambio, hechos reales absolutamente alucinantes (como el que nos ocupa) son más bien desconocidos.

Albert Einstein murió el 18 de julio de 1955 a los 76 años. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas. Pero no le quemaron entero. Al parecer, decenas de personas se congregaron para ver su cuerpo, el cuerpo de una leyenda de la ciencia, y según palabras del oftalmólogo de Einstein, Henry Abrams,

cada uno agarró lo que pudo.

El mismo Abrams cogió los ojos del genio y los guarda aún hoy, al parecer en un banco de Nueva Jersey. Afirma que “cuando miras sus ojos ves las bellezas y misterios del mundo”.

Pero el premio gordo se lo llevó Thomas Harvey, que se llevó el cerebro del físico a su casa y lo guardó durante años en el frigorífico. ¿Les recuerda a algo?


Efectivamente. Y la historia no termina ahí. Con ustedes, el científico japonés Kenji Sugimoto, en un karaoke con un fragmento del famoso cerebro:


Si les pica la curiosidad, no dejen de leer el artículo original de Antonio Martínez Ron, donde yo descubrí la historia (Que por cierto, sin cambiar de órgano: acaba de estrenar su interesantísimo documental “el mal del cerebro”).

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ene

20

El sentido del humor de Margaret Thatcher

Íñigo Sáenz de Ugarte suele sorprenderme con sus entradas, pero la de ayer fue sonada. Su interesantísimo artículo sobre Margaret Thatcher incluye una perla de las que hacen época: Nada más y nada menos que a la Dama de Hierro imitando al genial John Cleese. Agárrense que vienen curvas:


Éste es el sketch original, por si para ustedes un Noruego Azul es un señor del norte con hipotermia:

Es evidente que la primera (y única) mujer en dirigir Reino Unido no se ha hecho famosa por su sentido del humor. De hecho, si hacemos caso a John Whittingdale, su secretario político durante dos años, es más bien todo lo contrario: cuando le entregaron el discurso, que hacía referencia al pájaro recién adoptado como logotipo por el partido demócrata, simplemente no lo comprendió. Así que le pusieron el sketch. Continúa el secretario:

De alguna manera la naturaleza surrealista de la situación hizo que pareciera todavía más gracioso, y nos caían las lágrimas. Ella estaba impasible. Pero la persuadimos de que el público quedaría encantado, y muy reticentemente consintió. Entonces, justo antes de salir al púlpito, se volvió hacia mí y preguntó: “Este Monty Phyton… ¿seguro que es de los nuestros?”

Ahora que saben eso, vuelvan a mirarse el vídeo. Fíjense en la cara de la Primera Ministra: está asombrada del efecto de sus palabras, no tiene ni idea de por qué el público se ríe.

Bien, parece que queda demostrado, ¿verdad?

Pues nada de eso. En al menos una ocasión la Primera Ministra demostró que al menos entendía el concepto del humor: era fan absoluta de la magnífica sitcom de la BBC Sí, Ministro, que en aquel momento arrasaba.  De ella decía “Su claro retrato de lo que ocurre en los pasillos del poder me ha dado horas de puro deleite”.  Si no la conocen se la recomiendo: es una de las mejores series sobre política que he visto, y sigue del todo vigente pese a su edad. En cualquier caso, tanto le gustaba la serie a la señora Thatcher que insistió en protagonizar un gag con los actores protagonistas. No sólo eso, sino que podría haberlo escrito ella misma (lo que parece probable si hacemos caso a Jonathan Lynn, uno de los creadores de la serie: “era un sketch horrible que sólo tenía gracia porque Thatcher lo estaba haciendo”). Pese a que los autores intentaron negarse, finalmente no les quedó más remedio que aceptar: no he podido encontrar ninguna grabación, pero aquí tenéis parte del guión.

Desgraciadamente ese acceso de humor fue transitorio. El punto y final lo puso el mismo Jonathan Lynn, que después del gag agradeció a Thatcher “por ocupar su verdadero lugar en la comedia de situación”. Todo el mundo en la sala se rió. Excepto, por supuesto, la Dama de Hierro.

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ene

13

Pixar: It Gets Better

Pixar es una compañía que me sorprende más cuantas más cosas sé de ella. No solamente tienen la rarísima virtud de priorizar el guión sobre cualquier otro aspecto de sus películas, sino que se atreven a mojarse en temas polémicos para cualquier gran empresa, pero inauditos tratándose de una compañía dedicada al entretenimiento familiar, que para más inri forma parte del complejo Disney (como decía el Dr. Repronto, paradigma de la corrección política y el miedo a la demanda millonaria). No sé si el vídeo está respaldado por la dirección o no (asumo que sí), pero en cualquier caso es emocionante.

Al parecer, en Estados Unidos se han dado bastantes casos de niños acosados por su entorno por ser o parecer homosexuales. A finales de 2010 esto desencadenó una campaña bastante masiva de apoyo a los jóvenes que pudieran estar pasando por esta situación, contando con multitud de mensajes grabados por famosos, personajes de series de televisión, y también por empleados de otras grandes empresas. Estos últimos, como el que habéis visto arriba, son los más interesantes, por sinceros: al margen del interés publicitario de las empresas para las que trabajan, están hechos por gente anónima que habla desde su experiencia, y eso es lo que los hace tan intensos y permite conectar con lo que están diciendo.

Creo que es común a determinadas edades una cierta desesperación por encajar. Cualquiera que mire a su infancia puede encontrar, seguro, momentos en los que se sintiera marginado o despreciado, o hiciera cosas ridículas para obtener el respeto o la admiración de sus compañeros. Por supuesto, cuanto más raro parezcas, más vulnerable eres al aislamiento e incluso a la depresión. Aunque puedan parecer algo ñoñas, estas iniciativas divulgativas son de agradecer. Es importante para cualquiera saber que no somos los primeros ni los últimos en sufrir algo, que casi nunca estamos solos. También me parece reconfortante: todos somos humanos.

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